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Y así nos va

y así nos va

¿Quién no ha cometido algún error alguna vez?

No he conocido hasta la fecha una sola persona que no se haya equivocado. Sí muchas que aseguran no haberlo hecho, pero la realidad es que todas, en algún momento, hemos cometido uno o varios errores.

Cuando alguien comete un error, entre otras, nos podemos encontrar varias actitudes:

 – Quienes señalan como si se les fuera la vida en ello

 – Quienes conectan y empatizan, sin juzgar

Y por desgracia, este último tipo de personas escasean (y mucho) en la sociedad en que vivimos.

De hecho, ¿no os da la sensación de que el ojo ajeno espera el error para ser señalado? Tal vez sea una manera de relajar la exigencia propia en una sociedad donde la perfección está constantemente en boca de todas, tal vez sea una manera de quitar el ojo en la propia vida y colocarlo en la ajena, como modo de evasión y de irresponsabilidad frente a una misma. 

El caso, es que la sociedad parece sedienta de errores, como si todas las personas fueran siempre más capaces de saber qué es lo que habría que hacer cuando alguien de fuera se ha equivocado.

Y sin embargo, en todo ese proceso no se trae la empatía, esa capacidad (limitada a unas pocas, al parecer) de ponerme en el lugar de la otra persona, poder acompañar-entender-conectar e incluso aprender.

Ojo, empatizar no es sinónimo de consentir, pero sí lleva de la mano la capacidad de no juzgar.

Empatizar no es analizar una situación con mis emociones y dar un veredicto.

Empatizar es ser capaz de conectar con las emociones que está sintiendo la otra persona, conectar con su sentir para comprender mejor su hacer (sin entrar en si es válido o no).

¿No te ha ocurrido alguna vez que, en el momento de vivir algo que a una persona conocida ya le tocó vivir, pudiste entender mejor lo que sintió? Y es en ese momento en que tomas conciencia sobre lo mal que hiciste, aquello que dijiste que pudo ofender o la falta de conexión para lo que aquella persona estaba viviendo.

Pero parece que todas las personas, cuando llega el final del día, en la comodidad de su sofá, tienen la capacidad de saber qué es lo mejor que habría que haber hecho en determinada situación.

Y no hay más que mirar hacia fuera, la sociedad en que nos movemos y ver…

Que así nos va.

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