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Los latidos se aceleran

Los latidos se aceleran

Normalmente no me gusta realizar los balances del año, no me gusta preparar listas de propósitos como si hubiera un “fin y un comienzo” nuevo, me gusta pensar en continuidad y trabajo diario, en motivación constante y emociones cambiantes. Sin embargo, este año es diferente, ha sido muy diferente.

En ocasiones nos encontramos con hechos que tienen un impacto emocional tan grande en nuestras vidas, que marcan un “hito” de modo que cualquier otra cosa que nos sucede suele tener un anclaje. Por ejemplo, un despido después de un ansiado trabajo, el despido se convierte en un referente para situar el resto de acontecimientos vividos: “esto me pasó antes de que me despidieran”.

En esta ocasión, este año me he encontrado con 4 momentos de gran impacto emocional:  

Comencé el 2021 con los gritos desgarradores de un parto completamente respetado, natural, recibiendo a mi hija en una habitación sin ningún tipo de ayuda más allá de la del movimiento de mi cuerpo y el susurro de mi marido, abrazándola fuerte y fundiéndome con ella cuando la cogí, con el abrazo y el arrope de mi marido, quien nos protegía con su templanza y su presencia. Durante muchos meses, hasta verano, este acontecimiento tan vital ha marcado el resto de experiencias vividas, de manera que incluso Filomena tenía su presencia “después del nacimiento de mi hija”. 

Pero la vida ES, en mayúsculas, y aunque ni quita ni da, nos coloca ante su realidad incluso aunque no queramos o nos neguemos a entrar en ella.

Tuve que despedir a mi abuelo en julio, comenzando así un proceso de sucesivos duelos que ni en ese momento sabría que me estaba introduciendo. Un mes después, mi tío también nos dijo adiós. 

Qué dicotomía, qué inesperado y qué dolor el de despedirse de pieles a las que queremos tener con nosotros, tocándolas, abrazándolas y sintiéndolas. Su despedida me sacudió, ese momento de saber que es el último y ya no va a haber más suavidad en su piel, más miradas que se cruzan, más guiños amistosos como el que incluso me dio en ese momento en que su cuerpo se iba… 

Pero de nuevo, la vida ES, ni quita ni da, estas son sus reglas, venimos a vivir ciclos y elegir qué hacer durante el tiempo que dura el nuestro.

Lo que siempre me llama la atención de la mente es lo enrevesada que puede llegar a ser. La muerte de mi tío me dejó tocada y recuerdo cómo en ese momento pensé “ya solo queda subir, ahora tocan las vacas gordas”. Y qué ingenua mi mente, pues aún quedaban más acontecimientos “cuña” que me marcarían para despedir este 2021.

El 19 de noviembre, después del que sería nuestro último paseo, mi Asia comenzó a apagarse, como una batería que ves que se va descargando. En el fondo ahí lo supe, pero no quería aceptarlo. Era una ambivalencia extraña, me despedía de ella pero a la vez me agarraba a la esperanza de que fuera algún proceso con solución. Y entonces vienen esos momentos flash que se guardan: mi marido cogiéndola en brazos para bajarla a hacer sus necesidades, llevándola en brazos a nuestra veterinaria y yo viéndola y sabiendo que mi niña ya no volvería a casa. Veterinario, ella tumbadita y arropadita, recibimos todas las explicaciones de lo que ocurre y llegan los cuchillos: “opción de dormirla, está muy muy grave”. 

  • ¿Pero cómo puedo tomar esa decisión? Mírala, está aquí mirándome, mi pequeña sigue viva.

Recordar la promesa que la hice, calidad de vida hasta el final, junto a mí hasta el final, acto de amor, muerte digna sin sufrimiento, nuestro último paseo felices las dos hacía unas horas, como si me estuviera esperando. No sabes explicar en ese momento, pero tienes la respuesta y a veces, es necesario seguir lo que nuestra intuición nos dice.

Y entonces llega el último hito del 2021, la despedida de mi pequeña Asia. Ella acurrucada, gira su cabeza y me mira, yo temblorosa haciendo fuerzas de donde no las tenía, acariciándola como siempre, susurrándola como siempre, dándole las gracias, tocándola una última vez, sabiendo que era nuestra última vez.  Recuerdo cómo me hubiera tirado encima y abrazado muy muy fuerte, impulsos del dolor que sentía, pero ella merecía irse tranquila, con la tranquilidad que me caracteriza y le ha acompañado y salvado en nuestra vida juntas, con todo el amor que la prometí, fundiéndonos con nuestras miradas, pero qué dolor saber que era la última… hasta que su mirada se perdió y entonces llegó mi último grito desgarrador del año, partida en dos encima del cuerpo de mi pequeña Asia.

¿Pero no es acaso esto la vida? No tenemos idea de qué nos va a deparar cada año, todas las posibilidades existen y son reales, pero sí podemos prepararnos, tomar herramientas y aprender a escucharnos de modo que podamos tomar decisiones que nos lleven a sentirnos tranquilas/os con nosotras/os mismas/os.

Así que en esta ocasión, haciendo todos estos balances, me veo a mí misma con dos gritos desgarradores con significados completamente opuestos: el dolor de la llegada a través de un parto natural y el dolor de la despedida de un ser que no quieres dejar ir. La llegada de mi segunda hija ha sido una de las experiencias más transformadoras que he vivido y la despedida de mi perrihija me introdujo en uno de los mayores dolores que he sentido. Y a pesar de ser emociones opuestas, no cambiaba ninguna de ellas, pues lo que me queda es lo vivido y el haberlo hecho en todo momento conectada conmigo y con los seres a los que quiero, con las promesas que les hice y el amor que hemos compartido.

¿No se trata acaso de esto? No tenemos ni idea de qué nos va a deparar este 2022, me encantaría pensar que todo cosas buenas, me encantaría creer que nada ni nadie se va a ir o nos vamos a tener que despedir, me encantaría saber que todo van a ser buenas noticias y alegrías, pero no estaría participando del juego real de la vida, con su dicotomía, su ambivalencia, su alegría y tristeza a partes iguales (aunque a veces prime más una u otra). Sin embargo, siempre, absolutamente siempre hay algo que podemos hacer: entrenarnos y llenarnos de herramientas para enfrentar cada situación, buena o mala, de la mejor forma posible.

Por ello, deseo de corazón, que en este 2022 puedas adaptarte a la realidad que te toque vivir, que aprendas a escucharte para tomar las decisiones que mas conecten contigo y tu forma de vida y puedan llenarte de tranquilidad cuando al hacer balance de “acontecimientos hito”, las repases.

Por un 2022 lleno de aceptación y adaptación activa, con latidos acelerados de estar VIVIENDO conectadas/os.

Un fuerte abrazo cargado de energía

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