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La empatía alimenta la conexión

Creemos que somos empáticos cuando ante una dificultad escuchamos e intentamos animar a la otra persona; pero no nos damos cuenta de que con este comportamiento, en realidad estamos generando una brecha en esa relación, haciendo más daño (aunque la intención sea otra).

La tristeza incomoda, el dolor incomoda, las lágrimas incomodan y ello nos lleva a intentar que la otra persona cambie su registro emocional. Pero simpatía no es lo mismo que empatía. Os pongo un ejemplo:

Mi hija está asustada por el ruido de los truenos. Ser empática con ella sería sentarme a su lado y decirle: “entiendo el miedo que tienes, yo también tenía miedo cuando era pequeña”. 

Se trata de compartir registro emocional con ella, con su vivencia, con su experiencia, sin incomodarme por su estado ni obligarla a salir de él.

Sin embargo, lo más habitual cuando alguien nos expresa su emoción es mostrar simpatía. Continuando con el ejemplo anterior, mi hija está asustada por el ruido de los truenos y me acerco a ella, la escucho y le digo algo similar a “no te preocupes, no es nada, vente conmigo y te doy una galleta”. Estaría siendo simpática, pero no empática.

La empatía es una decisión, pero una decisión que nos lleva a mostrarnos vulnerables. Porque para poder conectar con la otra persona, previamente he de conectar con alguna experiencia en mí mismo en la que haya sentido esa emoción. Esto último es muy importante, porque hablo de conectar con la emoción, no con la solución que me fue eficaz a mí. Aquí nos encontramos con otro de los errores más comunes relacionados con la empatía (y que nos lleva a ser simpáticos, no empáticos):

La persona ha conseguido hacer el proceso inicial, pero en el momento de conectar con el otro, le ofrece una solución “rápida” que cambie su registro emocional.

El patrón más habitual cuando alguien comparte algo muy doloroso con nosotros es transmitirle o intentar darle el enfoque positivo, con frases que comienzan con un “al menos…” (¿te suena?). Cuando intentamos empujar a la persona a ver lo positivo de su situación, estamos desconectándonos y alejándonos de él o de ella:

  • Este verano no me puedo coger vacaciones”: al menos tienes un trabajo que te gusta.
  • “He tenido un aborto”: al menos sabes que puedes quedarte embarazada.
  • “Mi hijo Pedro ha suspendido”: al menos Marco aprueba todo.

Cuando nos encontramos en conversaciones difíciles el primer instinto es tratar de dar una solución a la otra persona o empujarla a ver el lado positivo de su vivencia. Sin embargo, cuando alguien está compartiendo algo muy doloroso contigo, sería mejor que le dijeras:

No sé qué decir, pero estoy aquí para escucharte”

“No he vivido lo mismo que tú, debe ser muy doloroso”

“Me gustaría decir algo que alivie tu dolor, pero no encuentro palabras”

“Siento mucho por lo que estás pasando, debes estar sufriendo mucho”

Porque la verdad es que en situaciones difíciles casi nunca una respuesta puede mejorar la situación, pero un acto, sí:

Sentarse, pararse, escuchar, abrazar, sostener, acompañar.

Como ves, lo que realmente mejora cualquier situación es conectar con la otra persona. 

“La empatía reside en la habilidad de estar presente sin opinión”

(M. Rosenberg)

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